«Conducir el #trineodeviento, es un trabajo de equipo. El piloto siempre va acompañado de un copiloto, que GPS en mano, debe estar listo para «cantar» la dirección y la velocidad. De esta forma se va corrigiendo la navegación, ya que un error, aunque sea de unos pocos grados, si se prolonga demasiado, podría comprometer toda la expedición.
Al llegar ayer, a la latitud de Ilulissat, tuvimos que tener cuidado de mantenernos alejados de la costa, las grietas de esa zona se extienden hasta 100 km tierra adentro. Conducir un trineo de estas dimensiones (casi 20 m. de largo y 3.000 kg de peso) con el simple uso de lo que en realidad es una cometa, tiene algo de cuento de hadas. Sin embargo, existen técnicas a seguir para avanzar. Las cometas, de varios tamaños para adaptarse a diferentes intensidades de viento, van desde los 3 m2 hasta un tamaño gigantesco de 150 m2. Una vez elegida la cometa, se conecta al Trineo de Viento mediante cuerdas de 250 m. El volante, sin embargo,lo forman dos simples mandos conectados a las cuerdas de la cometa.
Mediante una polea puedes tirar de la vela hacia un lado o hacia el otro y, de esta forma, dirigirla. Hay que estar muy centrado en la navegación. Una práctica que, a la larga, se vuelve casi meditativa, obligándote a concentrar todos tus pensamientos únicamente en ese trozo de cielo ante ti. Afortunadamente pasamos la peligrosa zona de Ilulissat y entramos en lo que ahora se llamamos “la autopista del viento”. Por la noche hemos tenido que parar por una fuerte tormenta, pero por el día seguimos disfrutando de un perfecto viento del sur de entre 20 y 30 km/h.
¡De repente, la enorme #Groenlandia se volvió pequeña! En un par de días, si todo va según lo previsto, llegaremos al punto final de la expedición, a unos 100 km de la costa de Upernavik.»
Texto de Enrico, miembro del equipo #sosarcticwindsled2024

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