Escribimos mientras estamos a 49ºC bajo cero, y sabemos que en las próximas horas llegaremos a menos 53º C, quizás menos. Es duro, pero nuestra tienda está calefactada, gracias a los paneles solares que llevamos. Y tenemos una buena noticia:
¡Llegamos por fin en el punto de salida de nuestra ruta! La menos buena: no estamos en el lugar exacto que habíamos planificado por circunstancias ajenas a nosotros. Pero es lo que hay y vamos a solventarlo…
En los últimos días, los acontecimientos se han sucedido. Una vez comenzamos a ser remolcados hacia la meseta antártica por el convoy logístico que nos llevaba, y tras unas horas de recorrido, el pasado viernes comenzó una fuerte ventisca que obligó a parar. Solo cabía esperar a que acabara. En cuanto paró, los cuatro nos pusimos a quitar la nieve acumulada sobre el trineo durante la tormenta, un duro trabajo que, con palas, llevó su tiempo. Aun así, fue menos que el que dedicaron los encargados del convoy, compuesto por los varios módulos donde llevan su carga y los vehículos oruga, que quedaron en buena parte enterrados en la nieve.
Tras aquel parón, nos pusimos de nuevo en marcha ascendente hacia la meseta, pero la alegría duró poco. Los vehículos del convoy se averiaron. Precisamente, ver convoyes abandonados en el interior de la Antártida por fallos que no pueden arreglarse es uno de los impactos que me impulsaron a crear el Trineo de Viento, eficaz por su simplicidad, lo que hace que sea fácil de reparar en este terreno hostil. No nos quedó otra que esperar porque necesitábamos subir a la meseta para ‘independizarnos’. Primero, trataron de encontrar una solución al fallo mecánico. Y una vez comprobado que no la había, los rusos que los manejan dieron el aviso a la base de Novo para que otros vehículos acudieran al rescate.
Mientras tanto, los cuatro de nuestro equipo no hemos estado parados en estos días. Aprovechamos las horas centrales de cada jornada, con mejor temperatura, para seguir acondicionando nuestro vehículo. Finalmente, llegaron los vehículos de Novo. No sabemos qué va a pasar con el convoy, si serán capaces de arreglarlo o no. Afortunadamente, han acercado al Trineo de Viento, con nosotros dentro, hasta lo alto de la meseta antártica, donde ahora sí podemos empezar nuestra ‘navegación’ por el hielo polar, cruzando este inmenso continente. Dado que no nos han dejado en el punto que habíamos elegido para la partida, los primeros días de la expedición van a ser más complicado. Aquí las condiciones del viento no son las mejores. No obstante,
aunque lentos, iremos avanzando hasta el lugar adecuado. Ya lo hemos conseguido en el pasado.
Además, confiamos en que, a medida que pasen los días y avance el verano austral, mejoren las temperaturas inhumanas que tenemos cuando cae el sol. Nuestro plan es permanecer en este punto un par de días para terminar de prepararnos para la salida.
Ya hemos empezado a colocar parte de los dispositivos científicos de algunos de los 16 proyectos que llevamos. Y ya estamos recogiendo datos donde nunca lo hizo nadie.
Nos sabemos solos, aislados en esta inmensidad blanca. Es el planeta Tierra y es una parte desconocida. La ilusión por haber llegado hasta aquí, y sentirnos fuertes y preparados, nos mantiene animados y en acción.


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