La expedición científica Trineo de Viento Antártida 2026-2027 inicia oficialmente este lunes, día 26, su desplazamiento hacia el continente blanco, tras pasar una semana de preparativos del equipamiento en Sudáfrica. El equipo, encabezado por el explorador polar Ramón Larramendi, comienza así uno los proyectos de investigación más innovadores de la actual campaña antártica española de investigación, puesta en
marcha por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.
Desde que salieron de España y Estados Unidos, el pasado fin de semana, los cuatro miembros de la expedición (Ramón Larramendi, Hilo Moreno, Javier Selva y el polaco Mariusz Potocki, desde Maine) han estado comprobando que todo ha llegado en perfectas condiciones y realizando las últimas compras. La salida desde Ciudad del Cabo está prevista con la compañía aérea Ultima, que se encarga de la logística de las
bases antárticas en esa zona del continente blanco, la Tierra de la Reina Maud. Las malas previsiones meteorológicas han obligado a aplazar un día la salida del vuelo, lo que ha añadido una dificultad extra a la expedición.
Nada más llegar a la base de Novolazárevskaya, donde está la pista que opera la compañía Ultima Antartic Logistics, los cuatro deben recuperar el Trineo de Viento que dejaron en la última Expedición Antártica de 2018-2019. En 2023, Larramendi hizo un viaje hasta allí para comprobar que el vehículo estaba en buenas condiciones, guardado en un contenedor cerrado. Su misión inmediata era montarlo en poco más de día y medio para poder aprovechar la salida prevista de un convoy que desde esta base llevará combustible a un punto del interior de la Antártida, una pista de aterrizaje a la que llegan aviones y requieren suministro de combustible por tierra. Ahora, debido al retraso del vuelo, contarán con un tiempo muy limitado, salvo que el convoy decidiera darles más margen.
El Trineo de Viento se enganchará detrás del convoy para poder subir desde unos 400 metros hasta cera de unos 2.800 metros de altitud. “Nos arrastrarán durante alrededor de 240 kilómetros, durante unos cuatro o cinco días porque este convoy va muy despacio. En otras expediciones desde la base fuimos en avión al lugar de inicio de la travesía, pero ahora la aeronave que permiten los seguros es más pequeña y no podríamos entrar con algunas partes del trineo o, en todo caso, sería muy complicado. En un momento dado, cuando lleguemos al lugar fijado para nuestra salida, nos soltaremos de ese convoy motorizado e iniciaremos nuestra ruta impulsados por el viento gracias a nuestras cometas”, explica Larramendi poco antes de la salida.
Concebido, diseñado y perfeccionado por Larramendi, el Trineo de Viento es el único vehículo del mundo capaz de desplazarse por el exigente terreno polar sin utilizar combustibles fósiles, impulsado enteramente por la fuerza del viento a través de grandes cometas, una plataforma que lleva a bordo 16 proyectos de investigación, que desarrollarán a lo largo de un recorrido de 3.400 kilómetros. La expedición será la primera a nivel mundial que cruzará el continente con cero emisiones, al impulsarse al 100% por energía eólica y utilizar para los proyectos científicos energía que proviene de placas fotovoltaicas.
Estos días, los miembros de la expedición han estado realizando un trabajo intenso en la nave de Ultima donde se quedó todo el equipamiento para comprobar que todo llegó en buen estado. Además, han enviado imágenes en las que se les puede ver comprando algunos suministros de última hora, por ejemplo, mucho chocolate, un
alimento que genera muchas calorías, tan necesarias en el ambiente extremo al que se van a enfrentar. Las previsiones de estos días indican que en la zona que recorrerán esta temporada hay temperaturas muy extremas, de hasta 70º bajo cero. “Tardaremos en llegar hasta allí y esperemos que suban, pero ya en el lugar habrá unos 40º bajo cero, un frío mucho más intenso que en otras expediciones”, reconoce el explorador.
“No sabemos cómo va a ser el ir arrastrados detrás del convoy, pero pensamos que esos días van a ser realmente de descanso, porque no podemos hacer nada más que dejarnos llevar. Pero cuando lleguemos a la meseta antártica, habrá que ponerse a trabajar a tope. Ya os iremos contando”, señala cuando quedan pocos días antes de partir. “Pese a las dificultades, estamos muy animados”, asegura.


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