La cuenta atrás para la salida, este próximo domingo día 18 de octubre, está activada. El equipo del Trineo de Viento lleva semanas preparando la carga que será necesaria para una expedición que va a suponer un hito científico, también geográfico y, sobre todo, humano. Son muchos detalles porque, como recuerda a menudo Ramón Larramendi, van a un lugar donde no se puede salir a comprar, por más que sea algo imprescindible para la vida. Hay que llevarlo todo.
Hace ya días que salió hacia Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, vía Estambul, la mayor parte de todo el material que van a precisar en una expedición que estiman durará 85 días. Más de mil kilos que durante los días previos, en el almacén que Tierras Polares tiene cerca de Madrid, tuvieron que empaquetar con sumo cuidado todo lo que permitirá a los cuatro expedicionarios realizar los proyectos encargados y, sobre todo, lograr culminar los 3.400 kilómetros previstos con éxito.
Hay que recordar que el vehículo Trineo de Viento se encuentra en la base rusa de Novolazárevskaya (Novo) desde febrero de 2019, cuando finalizó su anterior ruta antártica. Allí quedó desmontado y enterrado en la nieve, a la espera de una vuelta al continente del equipo del proyecto. Dado el tiempo que transcurría sin una nueva expedición en el horizonte, el pasado año Larramendi fue hasta Novo para comprobar su estado, que era exactamente el mismo que cuando lo dejaron años antes.
Ahora, en esta nueva carga, sí que llevan algunas de las piezas fundamentales del Trineo de Viento para evitar contratiempos, como son algunos travesaños como los que componen este medio de transporte inspirado en la tradición inuit. Además, ya han facturado gran parte de los alimentos que consumirán los tres meses de aventura, casi todo hidrofilizados y deshidratados, con objeto de que se mantengan en buenas condiciones. Y gran parte de la ropa con la que se protegerán de las gélidas temperaturas que les esperan.
En el equipaje, especial cuidado han tenido con los numerosos dispositivos científicos que les han proporcionado los investigadores para que puedan desarrollar sus proyectos en el interior del continente, sobre los que recibieron formación exhaustiva hace algunas semanas. En total, solo este equipamiento, que ha tenido que ser adaptado para soportar las gélidas temperaturas que les esperan y los movimientos bruscos que puede tener el trineo, supone 250 kilos de peso. “Cuando salgamos el domingo llevaremos cosas, pero lo más pesado ya nos esperará al otro lado de África”, señala Larramendi.
Entre lo que han dejado para última hora está el imprescindible botiquín y los efectos más personales. “Estos últimos días seguro que nos surgen nuevas compras de cosas que nos pueden ser útiles, aunque casi todo lo tenemos previsto porque son muchas las expediciones que hemos hecho con el trineo de viento, si bien ninguna con tanta carga como ésta ni para estar tanto tiempo”, reconoce el explorador.
En todo caso, en el largo viaje de avión hasta su destino africano, primera parada antes del salto a la Antártida, el equipo siempre tiene previsto adquirir aquellos últimos productos que son más perecederos en los traslados por el mundo, como ese chocolate que, reconocen, es un auténtico manjar cuando las calorías aflojan.
Todo parece indicar que lunes día 19 les recibirá una Ciudad del Cabo con un clima primaveral, un buen comienzo. Desde allí saldrán en un avión que realiza vuelos logísticos hasta Novo, la base antártica rusa.


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