El Trineo de Viento realizó la expedición científica y de exploración ‘Antártica Inexplorada 2018-19’ entre 1 diciembre de 2018  y 12 de febrero de 2019 . Fue un viaje de más de 2.500 kilómetros nunca antes realizado con este vehículo ‘no contaminante’ para realizar diferentes proyectos científicos de impacto nacional e internacional y que marcó, asimismo, un hito geográfico al alcanzar el Domo Fuji sin medios motorizados. Soportaron temperaturas de 40º bajo cero e inferiores. Estuvo patrocinada por la Fundación Principe Alberto II de Mónaco y la agencia Tierras Polares y Expediciones. Asimismo contó con un contrato de la Agencia Espacial Europea (ESA), y colaboraciones de la Universidad de Maine (EEUU), el CSIC y diversas universidades españolas. Parte de los fondos se consiguieron gracias a un crowfunding en el que han participado 350 personas.

La expedición ‘Antártica Inexplorada 2018-19’ recorrió en una ruta triangular uno de los territorios más desconocidos de la Tierra y de ella formaron parte cuatro expedicionarios españoles con una amplia experiencia polar: Ramón Larramendi, Hilo Moreno, Ignacio Oficialdegui y Manuel Olivera. Larramendi es el creador del vehículo y director de la expedición. El objetivo era doble: demostrar que el Trineo de Viento supera las condiciones más adversas (en una ascensión jamás antes realizada sin medios de transporte motorizados) y realizar el recorrido con proyectos punteros a nivel científico, de instituciones españolas e internacionales.

La expedición salió de la base rusa de Novolazárevskaya​ y subió hasta el domo Fuji, cerca de una base japonesa hoy activa. Desde allí llegó a la base científica norteamericana Base Plateau (en la tierra de la Reina Maud), abandonada desde 1969.

El Trineo de Viento transportó más de dos toneladas en un trineo tirado por cometas compuesto por su configuración de tres módulos:

-Módulo locomotora: este módulo actúa como locomotora y tendrá una tienda para paliar las bajas temperaturas, que superan en ocasiones los 50 grados bajo cero. En su parte trasera lleva un espacio para ser utilizado como lugar de trabajo y de refugio de los pilotos en caso de mal tiempo.

-Módulo de carga: Es el módulo para el transporte  del equipamiento científico y el que precisan los expedicionarios (comida, dispositivos, muestras recogidas en la travesía, etcétera). Además, llevarán instalados de 10 a 12 metros cuadrados de paneles fotovoltáicos para la producción de energía que se almacenará en seis baterías grandes y varias pequeñas.

-Módulo habitable: el tercer módulo servirá de vivienda para los  expedicionarios. Estará compuesto por  una gran tienda diseñada para la expedición que facilitará el efecto invernadero y resistirá las tempestades antárticas.

Además, llevaron 20 cometas de entre cinco y 150 metros cuadrados, para ser utilizadas según las condiciones del viento, que pueden tener velocidades oscilantes entre 6 y 60 Kms/h. Las líneas que enlazan con las poleas tendrán hasta 350 metros de longitud, para aprovechar al máximo las posibilidades que ofrece la columna de viento en la meseta antártica.

En total , el Trineo de Viento tendrá unos nueve metros de largo por cuatro metros de ancho.

Durante la expedición los cuatro tripulantes  (Larramendi, Moreno, Oficialdegui y  Olivera) fueron haciendo turnos en dos equipos para que el Trineo de Viento estuviera en marcha o el máximo posible cuando las condiciones meteorológicas lo permitían.

“Toda la expedición tiene un coste que es infinitamente más bajo que el de cualquier expedición científica polar como las que se realizan en la Antártida cada año”,  argumenta Ramón Larramendi. 

La expedición fue patrocinada por la Fundación Príncipe Alberto II de Mónaco y  la agencia Tierras Polares.