El Trineo de Viento, en el Museo Nacional de Ciencias Naturales

El Trineo de Viento, en el Museo Nacional de Ciencias Naturales

MNCN

El 29 de febrero de 2012, los miembros de  la expedición Acciona Windpowered Antartica, celebraron una rueda de prensa  en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid, en la que presentaron los resultados de la travesía y sus nuevos proyectos. Al acto asistieron directivos de Acciona, entre ellos su presidente José Manuel Entrecanales. Fue presentada por el entonces director del museo, Esteban Manrique Reol, quien destacó la investigación científica llevada a cabo por Juan Pablo Albar durante la travesía.

Pío Cabanillas, director de marketing de Acciona, destacó  la importancia del Catamarán Polar como vehículo de transporte para expediciones científicas en la Antártida, última reserva impoluta de la Humanidad, y mencionó que su eficacia ha quedado ampliamente demostrada con las expediciones llevadas a cabo por Larramendi y su equipo. También señaló el importante seguimiento de esta expedición en las redes sociales.

A continuación, los expedicionarios fueron relantando su aventura. El líder del proyecto, fue el primero en tomar la palabra para hacer un breve  repaso del recorrido de diez años del proyecto hasta culminar este último reto. Inspirándose en la filosofía de los trineos inuits, y en las posibilidades de utilizar el potencial de los vientos que soplan en zonas árticas y antárticas, imaginó un vehículo capaz de “navegar” por esos territorios, que ha acabado en el diseño del Trineo de Viento.

Tras Larramendi, Ignacio Oficialdegui, experto en energías renovables, recordó que se habían utilizado dos fenómenos fundamentales de la climatología antártica, el viento y el sol, a favor de la navegación, de las comunicaciones y de la propia habitabilidad del trineo-tienda. Si las cometas aprovechan el viento para “tirar” del catamarán, también llevaban unas placas solares, en las ventanas de la tienda, que les permitieron calentar el interior, aumentando el confort de los expedicionarios. De igual manera unos generadores, cargados por placas solares, hicieron posible  recargar las  baterías para equipos fotográficos, de comunicación, etcétera.

El productor y fotógrafo Javier Selva,también miembros de la expedición, recordó la llegada a la base americana Amudsen-Scott, en el Polo Sur, el derroche de medios y energía para mantener una inmensa estructura, en medio de la más absoluta nada, en contraposición proyecto en el que ellos se encontraban embarcados.

Juanma Viu, quien en esta ocasión no viajó a la Antártida, sino que ha llevado el peso de la logística “en tierra”, destacó la importancia del proyecto científico llevado a cabo Juan Pablo Albar, quien no pudo asistir a la presentación. A lo largo del recorrido recordó cómo recogieron muestras de aire para el estudio de contaminantes orgánicos persistentes, proyecto en colaboración con el CNRS y Universidad J. Fourier de Grenoble. También retomaron muestras de hielo, de un metro de profundidad, para estudiar la presencia de hidrógenos y oxígeno. El tercer proyecto es el que tiene que ver con el desarrollo de un vehículo, sin emisiones de CO2 a la atmósfera, capaz de ser utilizado por expediciones científicas en la Antártida.

Esteban Manrique, ex director Museo Nacional de Ciencias Naturales.
Esteban Manrique, ex director Museo Nacional de Ciencias Naturales.

Ramón Larramendi  ya entonces habló de la continuidad del proyecto con un vehículo similar al catamaran, en el que se introducirán mejoras técnicas y de confort, ampliando el espacio a tres módulos para el traslado material científico, personal y avituallamiento de las bases que operan en el plateau antártico.

En próximos años nuevas expediciones probarán que la visión que tuvo hace una década Ramón Larramendi, de un vehículo con capacidad para moverse en terrenos de climatología extrema como la Antártida y Groenlandia sin dejar residuos del paso humano, es una realidad gracias al tesón, imaginación, esfuerzo y sobre todo mucha ilusión.