Tras solo 17 días de intenso viaje polar, el equipo del Trineo de Viento ha completado una histórica travesía de ida y vuelta por el Norte de Groenlandia: un total de 1.541 kilómetros recorridos que abren el camino para futuras expediciones científicas cero emisiones en una de las regiones más remotas del planeta.
La expedición partió el 30 de mayo desde el Plateu a 2.207 metros sobre el nivel del mar, y regresó al mismo punto tras cruzar el vasto altiplano helado hasta su extremo oriental y volver.
La misión fue liderada por Ramón Larramendi, creador del Trineo de Viento Inuit y pionero en los viajes sostenibles por las regiones polares. Lo acompañaron Jens Jacob Simonsen, experimentado explorador groenlandés, y Antonio Mangia, guía italiano. El equipo colaboró con el Consejo Nacional de Investigaciones de Italia (CNR-ISP) y la Universidad de Maine (EE. UU.), recogiendo muestras atmosféricas y de nieve para el estudio de los cambios climáticos en el Ártico.
Una nueva ruta para la ciencia – El objetivo principal
Esta expedición no se trataba solo de alcanzar un destino: el verdadero propósito era abrir una nueva ruta de acceso al altiplano del Norte de Groenlandia, partiendo desde una base logística establecida en Upernavik.
La clave está en la circularidad: el Trineo de Viento puede llegar a zonas remotas y difíciles y regresar al mismo campamento base, evitando así el uso de medios costosos, complejos y contaminantes.
Gracias a este recorrido circular, se establece una vía que permite planificar misiones científicas sostenibles, regulares y factibles hacia el corazón de la capa de hielo groenlandesa.
La travesía en tres etapas
La expedición se desarrolló en tres fases principales:
- Recuperación del Trineo: El equipo alcanzó el lugar donde el trineo había pasado el invierno, enterrado bajo 1,5 metros de nieve. En apenas 5–6 horas, lo desenterraron y dejaron listo para el viaje.
- Travesía hacia el Este: Con vientos favorables, avanzaron hacia la costa oriental con un gran ritmo diario.
- El regreso: El tramo más exigente: 815 km de vuelta al oeste en solo 5 días, navegando principalmente con vientos cruzados, lo cual requiere mucha más destreza que hacerlo con viento a favor.
A pesar de una pausa de tres días por falta de viento, el equipo mantuvo un promedio extraordinario de 95 km diarios. En una jornada especialmente intensa, recorrieron 270 km en 16 horas sin parar, desafiando fuertes vientos y guiando una cometa de 100 m² al límite de lo controlable — una auténtica prueba de resistencia y pericia.
Una plataforma científica en movimiento
Durante toda la expedición, el Trineo de Viento funcionó como un auténtico laboratorio científico móvil, permitiendo recoger datos ambientales y muestras en zonas inaccesibles de la capa de hielo de Groenlandia. Movido únicamente por el viento y la inteligencia humana, representa una forma de viajar sin impacto y con un enfoque científico en un entorno especialmente frágil.
El equipo trabajó junto a dos importantes instituciones científicas: el Consejo Nacional de Investigaciones de Italia (CNR-ISP) y la Universidad de Maine. Durante la travesía realizaron muestreos atmosféricos y estudios de estratigrafía de la nieve, obteniendo datos clave sobre la evolución de las capas de nieve polar, el transporte de partículas en suspensión y las dinámicas climáticas a largo plazo en el Ártico.
Estos indicadores son esenciales para comprender los efectos del cambio climático, tanto a nivel local como global.
Esta misión demuestra que la exploración movida por el viento no solo es posible, sino que es esencial para un futuro científico sostenible en las regiones polares. Al eliminar la necesidad de combustibles fósiles y costosos medios aéreos, el Trineo de Viento abre la puerta a campañas científicas regulares en las zonas más remotas y valiosas de Groenlandia, con cero emisiones.
¿Y ahora qué?
Aunque el objetivo principal ya se ha cumplido, la expedición aún no ha terminado. El equipo está desmontando el trineo principal para construir una versión más ligera, con la que planean descender otros 60–70 km hasta la costa. Si las condiciones lo permiten, serán recogidos por barco.
Este descenso final es clave: el objetivo es establecer una logística 100% terrestre, tanto para acceder como para salir desde el campamento base del Trineo de Viento en el altiplano, cerca de Upernavik. Allí quedará almacenado el equipo durante el invierno, listo para la expedición de 2026.
Con este paso, el proyecto del Trineo de Viento entra en una nueva era de logística circular: sin vuelos, con cero emisiones, y con una ruta segura y estable que permitirá realizar campañas científicas anuales hacia el corazón de Groenlandia… siempre partiendo y regresando al mismo punto.

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