LOS PROYECTOS
Entre los 16 proyectos que llevarán a bordo en esta 1ª Campaña, cada uno con la instrumentación necesaria, varios tienen el objetivo de encontrar datos en el terreno -necesarios por ser complementarios de los satelitales- sobre la composición del hielo en el ‘plateau’ antártico y detectar tanto sustancias contaminantes -microplásticos o compuestos químicos persistentes- como señales de vida microbiana en condiciones extremas, tanto en el aire como en el hielo profundo o la superficie. Algunos son experimentos que despiertan gran interés de cara a la exploración espacial. De hecho, llevarán instrumentación que ya se utiliza en misiones a Marte.
Asimismo, otros proyectos analizarán los impactos que el aislamiento y el frío extremo, con temperaturas que pueden alcanzar hasta lo 40º bajo cero, tiene en los organismos de los cuatro tripulantes, tanto a nivel físico como psicológico. Otros tienen que ver con los impactos del cambio climático en esas inaccesibles zonas, el magnetismo o el funcionamiento de los satélites europeos de Galileo. Todos los proyectos han sido seleccionados en una convocatoria oficial del Comité Polar Español.
En total, participan centros del CSIC, seis universidades españolas e instituciones internacionales como la NASA, la Universidad de Maine (EEUU) o el Consejo Consiglio Nazionale delle Ricerche (CNR), equivalente al CSIC español.
CIEMAT: La contaminación en el lugar más remoto de la Tierra
Averiguar la contaminación en la atmósfera más inexplorada de la Antártida es el objetivo del proyecto HALO ANTAR, del CIEMAT, el Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) y el Instituto de Química Física Blas Cabrera (CSIC), liderado por Pablo Corella y Thomas Schimidt. Su fin es averiguar si hay
variaciones en la química atmosférica en zonas remotas del interior de la Antártida Oriental causadas por la contaminación de origen humano procedente de zonas costeras. Se obtendrán muestras superficiales y testigos de hielo de hasta cuatro metros de profundidad en varias localizaciones para tener un transecto geoquímico continental que permita ver la huella humana en los lugares más remotos y prístinos. Asimismo, se estudiará el papel de los elementos químicos naturales presentes en el aire marino en su transporte al interior.
UNIVERSIDAD DE OVIEDO: Tras el secreto del reflejo del hielo antártico
El proyecto PALANTARICE investiga cómo el estado de la superficie del hielo influye en el deshielo y el clima. En la expedición se centran en el albedo, es decir, el fenómeno por el que el hielo actúa como un espejo gigante que refleja la luz del Sol, evitando que el planeta se caliente de más. Su fin es conocer cómo las impurezas (el polvo o la contaminación) y la forma del hielo cambian esa capacidad de reflejar el calor. En la campaña se recogerán trozos de hielo y usarán técnicas de luz especiales (láseres y sensores ópticos) para analizar qué impurezas invisibles tienen y cómo hacen que el hielo absorba más calor en lugar de reflejarlo. En paralelo, desarrollarán modelos cartográficos de rugosidad superficial, usando también imágenes satelitales que se podrán validar en la ruta ele Trineo de Viento.Lo lideran la catedrática Susana del Carmen Fernández y el catedrático Javier Fernández Calleja.
UNIVERSIDAD AUTONOMA DE MADRID: La colonización ‘aérea’ de los microbios
Dirigido por Antonio Quesada y Ana Justel, para el proyecto Microairpolar la meseta antártica es, probablemente, el único en la Tierra donde poder
identificar comunidades de microorganismos que atraviesan el mundo usando el aire como transporte. En esta campaña buscan el origen y la dinámica de las bacterias presentes a lo largo de una travesía donde la temperatura estará sobre -30ºC, ca veces a menos de -40ºC. El equipo recogerá muestras del aire con bacterias que proceden de zonas periféricas de la Antártida o de otros continentes u océanos. De este modo, se conocerá el movimiento global de microorganismos para avanzar en la comprensión de su transporte por el aire.
CENTRO DE ASTROBIOLOGÍA: Descifrar Marte en la Antártida
ANTAR-MARS es un experimento del Centro de Astrobiología (CAB, CSIC-INTA) que utilizará las condiciones extremas de la Antártida como análogo de
Marte. En paradas prolongadas del Trineo, se desplegará una estación meteorológica con sus sensores de temperatura, humedad, viento y turbulencia, una instrumentación desarrollada para las misiones espaciales. Su objetivo es estudiar procesos como las inversiones térmicas y las turbulencias
atmosféricas y así mejorar modelos aplicados a Marte. También se recogerán muestras de nieve. Todo ello liderado por Eduardo Sebastián, Germán
Martínez, Iván Martín y José Antonio Rodríguez-Manfredi, que diseñan para la NASA tecnología que acaba en Marte.
NASA: ¿Pueden vivir microorganismos en la Antártida?
El Ames Research Center de la NASA, pilar de la exploración espacial, recaba en la Tierra datos para futuras misiones inter-planetarias. En este caso, el proyecto liderado por el español Alfonso Dávila, busca averiguar si el interior de una roca de sal se puede generar las condiciones para la vida de microorganismos, en un ambiente de frío extremo. La sal y el polvo costero han llegado al interior de la Antártida arrastrados por el viento durante millones de años, integrándose en el hielo. El Trineo de Viento lleva sensores que medirán su humedad relativa, la temperatura y la conductividad eléctrica de esas rocas a intervalos de 10 segundos durante la travesía. Los datos se grabarán en una tarjeta de memoria para averiguar, en su análisis posterior, si en algún momento se formó agua líquida dentro de la sal pese a las bajas temperaturas y la aridez de las regiones polares.
UNIVERSIDAD DE CÁDIZ: La mente humana en aislamiento polar
El proyecto WindSled Mind, liderado por Gabriel G. de la Torre desde la Universidad de Cádiz, estudiará la respuesta psicológica, el sueño y la
convivencia de los cuatro tripulantes del Trineo de Viento bajo condiciones de aislamiento extremo en la Antártida durante casi tres meses. Al simular las condiciones de confinamiento y peligro de una nave espacial, la investigación en neurociencia cognitiva y psicología aeroespacial servirá para preparar a futuros astronautas en misiones de exploración espacial de larga duración, como las que se realizarán a Marte. El equipo Neurotek Lab, que lo desarrolla, cuenta con una amplia experiencia en la materia.
UNIVERSIDAD POLITÉCNICA DE MADRID: Radiografía del hielo: ¿Cuánto pesa la Antártida?
Liderado por el investigador y glaciólogo Francisco Navarro, el proyecto DINGLAC busca radiografiar los primeros 10 metros de profundidad de la nieve
antártica a lo largo de la travesía. Utilizando un georradar de alta precisión (que escanea el subsuelo mediante ondas), el equipo medirá capa por capa cómo se acumula y se mueve la nieve empujada por el viento. Sus medidas serán fundamentales para saber con exactitud si la Antártida está ganando o perdiendo masa de hielo debido al cambio climático.
INTA: SPID-70: Un mapa del magnetismo en la Antártida
El proyecto, liderado por Marian Díez Michelena, consiste en la monitorización durante toda la travesía del campo magnético terrestre, registrando su
intensidad y dirección para elaborar un mapa detallado de su distribución en las regiones próximas al Polo Sur magnético. Estas mediciones contribuirán a
mejorar el conocimiento del entorno magnético antártico. El experimento se apoya en la experiencia previa en instrumentación magnética para aplicaciones
espaciales y planetarias y conecta con investigaciones previas sobre anomalías magnéticas estudiadas la isla Decepción y en otros cuerpos del Sistema Solar,
como Marte y la Luna.
UNIVERSIDAD DE VALLADOLID: El rastro de los contaminantes invisibles y eternos
El proyecto FORCHEM, liderado por la investigadora Ana Cabrerizo desde la Universidad de Valladolid, busca rellenar el gran vacío científico existente sobre los «químicos externos» (PFAS) en la Antártida. Estas sustancias tóxicas creadas por el ser humano (y usadas en la industria, en envases de alimentación, en textiles, etcétera) viajan miles de kilómetros por el aire y se acumulan en la nieve polar sin destruirse. El equipo del Trineo de Viento recogerá muestras de nieve puras para entender cómo llegan hasta lugares tan remotos, aportando datos vitales para proteger la salud ambiental de todo el planeta. Debido a las dificultades de acceso y las condiciones extremas del continente blanco, apenas existen datos sobre esta contaminación.
UNIVERSIDAD DE CÁDIZ: Satélites polares: Escaneando la atmósfera
desde el espacio
El proyecto GNSS-ATMOS, liderado por el investigador Manuel Berrocoso desde la Universidad de Cádiz, utiliza las señales de las grandes
constelaciones de satélites (como el GPS americano y el Galileo europeo) para estudiar el clima y la atmósfera polar. A bordo del Trineo de Viento irán unas antenas que reciben señales de ambos tipos de satélites cada cinco segundos durante todo el viaje. Esas señales atraviesan toda la atmósfera y con los equipos a bordo se medirá la humedad, el vapor de agua y la actividad solar reflejada, lo que mejorará los modelos climáticos y descubrirá cómo interfieren las condiciones extremas en las coordenadas de navegación vertical que usamos en la Tierra. Hasta ahora, nadie ha medido el comportamiento de los satélites Galileo en esta zona de la Antártida. Los datos servirán para comprobar si funcionan bien las coordenadas de altura en los polos y para mejorar los mapas del cambio climático global.
CENTRO DE BIOLOGÍA MOLECULAR SEVERO OCHOA: A la caza de virus
Los científicos del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, liderados por Antonio Alcamí, van a desplegar en el Trineo de Viento sus tecnologías de
muestreo del aire. El equipo ha desarrollado laboratorios portátiles avanzados con secuenciadores genéticos para poder confirmar los casos mediante PCR e identificar mutaciones del virus al instante, sin tener que esperar a enviar las muestras a España. Su misión es rastrear si existe una expansión de virus letales como el de la aviar H5N1, cartografiar cómo muta el patógeno en las colonias más aisladas del planeta y blindar el ecosistema polar antes de que cause una catástrofe ecológica irreversible en el último santuario de la Tierra.
UNIVERSIDAD DE ALCALÁ DE HENARES: ¿Cómo sobrevivir en condiciones extremas Marte o la Luna?
El Proyecto POLARIS, investigación coordinada por Miguel Ángel de Pablo, de la UAH junto a entidades de Colombia y al CAB, considera la Antártida un laboratorio natural para preparar las futuras misiones humanas a la Luna y Marte. En esta expedición, utilizará el Trineo de Viento como si fuera una base espacial en movimiento para estudiar los retos de la supervivencia en ambientes extremos. Para ello, se registrará de forma continua la temperatura dentro y fuera del módulo de vida, evaluará cómo las tiendas amortiguan el frío polar y analizará el impacto físico que sufren los cuatro miembros de la tripulación al entrar y salir repetidamente del refugio, generando datos clave que ayudarán a planificar el trabajo de futuros astronautas.
INSTITUTO ITALIANO DE CIENCIAS POLARES: ¿Hay pesticidas en lugares inexplorados de la Antártida?
En el corazón de la Antártida no hay fábricas ni ciudades, por lo que cualquier sustancia extraña ha tenido que viajar miles de kilómetros por el aire.
CENTRO DE ASTROBIOLOGÍA: Un ‘biochip’ en busca de vida
El Proyecto SOLID (Signs of Life Detector), liderado por el astrobiólogo Víctor), es una revolucionaria investigación espacial y climática. Mediante un innovador biochip cargado con cientos de anticuerpos capaces de detectar huellas biológicas, microorganismos extremos y proteínas en tiempo real, el proyecto analizará testigos de hielo a metros de profundidad en zonas nunca pisadas por el ser humano. En esta misión, que no es la primera con el Trineo de Viento del proyecto, se tendrán más datos sobre cómo viajan las bacterias por las corrientes de aire polares —resultados previos han sido publicados en Nature—, y será un banco de pruebas definitivo para validar la tecnología que la NASA y la ESA enviarán a Marte y a las lunas heladas de Júpiter y Saturno en busca de vida.
UNIVERSIDAD DE MAINE: La lectura del clima global en el hielo
El glaciólogo Mariusz Potocki extrae testigos de hielo profundo en los rincones más inaccesibles de la Antártida, utilizándolos como «cápsulas del tiempo»; para reconstruir la historia del clima y medir el impacto real de la contaminación humana. Potocki será miembro de la expedición para, con perforaciones en el hielo a lo largo de la ruta, descifrar el pasado atmosférico mediante tres pasos fundamentales. En las muestras, utilizará tecnología avanzada de láser para identificar trazas mínimas de metales pesados, uranio y contaminantes industriales que viajan por la atmósfera desde otros continentes.
CENTRO DE ASTROBIOLOGÍA: Dentro de los secretos del hielo con el foco en Marte y más allá
El proyecto PHOENIX-Raman, liderado por la experta en astros helados Olga Prieto, ha adaptado uno de los espectrómetros portátiles de última generación desarrollados por su equipo como carga científica clave a bordo del Trineo de Viento. El instrumento, ya utilizado misiones espaciales y previsto para otras futuras, utiliza la espectroscopía Raman, una tecnología láser capaz de identificar instantáneamente la estructura molecular del hielo, en este caso el que se conseguirá en las perforaciones realizadas en diferentes lugares de la ruta, en colaboración con otros proyectos de la campaña. Este instrumento, sin destruir el material, es capaz de analizar su mineralogía, los contaminantes o la materia orgánica que contiene. Ya en España, también analizarán con un
instrumento mejorado el contenido, que será fundido por sus colegas de SOLID.

