700 kms por la costa 'salvaje' de Groenlandia

700 kms por la costa ‘salvaje’ de Groenlandia

RAMÓN LARRAMENDI (Upernavik)

Hemos hecho 700 kilómetros en cuatro días por una de las costas más espectaculares y salvajes del planeta, desde Qaanaaq hasta Kullorsuaq, ya en el territorio de Upernavik. Cuatro intensas jornadas en las que he viajado con auténticos cazadores inuits y he podido palpar cómo es la vida hoy en algunos de los rincones mas perdidos del Ártico, lugares donde aun se cazan osos polares en expediciones con trineo de perros y narvales con kayak y arpones, igual que desde hace siglos. Son vestigios de un mundo en extinción que solamente el extremo aislamiento y el proteccionismo del gobierno groenlandés han impedido que desaparezcan para siempre. Precisamente mi objetivo era  explorar la situación de los thule, sus inquietudes y sus perspectivas de futuro.

Navegando en lancha por el Cabo York, al noroeste de Groenlandia.@RamonLarramendi

Salimos de Savissivik con buen tiempo, con ruta hacia el sur, por la Bahía Melville, atravesando las cercanías de la base de Thule y el lugar exacto donde cayó una bomba atómica durante la Guerra Fría, que aún sigue ahí, justo donde en una imagen señalo con mi dedo. Nada en este paraje casi transparente en su belleza y su aire puro indica que bajo ese mar se esconde un artefacto que aún sigue siendo radiactivo y mortal.

El paisaje, nevado, nos ha acompañado durante los 400 kilómetros de recorrido por la bahía, con temperaturas bajo cero, pero no tan gélidas como para impedirnos continuar nuestra navegación en las dos pequeñas lanchas donde íbamos este pequeño grupo de expedicionarios. En alguna ocasión, a dos días hacia el norte o hacia el sur de cualquier lugar habitado, bajamos a la costa y subido una colina para ver una extraña formación en los glaciares. Navegamos entre grandes icebergs, restos de los glaciares que vierten su hielo en este mar Ártico y por los que hay que estar siempre alerta. En este viaje, la tensión fue mayor cuando una de las lanchas comenzó a fallar, afortunadamente sin consecuencias.

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Junto a las dos lanchas. Thomas es quien lleva el anorak azul.

Además de Emilio Gonzalez, mis compañeros de aventura en este tramo han sido Magnus Eliassen, Hans Carlsen y Thomas Suersaq. Suersaq es es un inuit con una historia personal que se sale de los cánones habituales. Se fue de su pueblo a Dinamarca para estudiar a sobre construcción de barcos durante  siete años. A su regreso se quedó a vivir en la capital de Groenlandia, Nuuk, pero no quiso quedarse allí, como el resto de los jóvenes que abandonan estos inaccesibles territorios de Thule. A los 30 años decidió que prefería ser cazador, como sus antepasados, y regresó a Savissivik donde ahora reside y donde es uno de los únicos 10 cazadores que ahora quedan en ese lugar. Thomas me cuenta que no se arrepiente de esa decisión, pese a que ha visto como su pueblo ha pasado de 150 habitantes a 53 en apenas 15 años y que sabe que probablemente quede despoblado como Moriussaq en otros tantos. Es la tendencia inexorable en todo el país.

Emilio Gonzalo, de pie, en la lancha que nos ha dado más problemas.

 

Finalmente, llegamos a Kullorsuaq, cuyo nombre significa «el gran dedo pulgar» por su característica montaña. Está en una isla, casi en la mitad de la gran bahía. Kullorsuaq es un vibrante poblado de cazadores que ha diferencia de todos los demás si que está aumentando su población con familias venidas de enclaves más pequeños. Ahora tiene casi 500, casi como Qaanaaq.

Cuando su alcalde, Timoteus Petersen, se ha enterado de que estábamos por aquí nos ha venido a ver. Hay tan pocas novedades en esta zona del mundo que las noticias sobre un español que habla groenlandés no han tardado con correr por el pueblo, así que ha sido un recibimiento que no podía sospechar.

En Kullorsuaq he visitado al cazador de osos polares Peter Aronsen, con quien realicé la travesía de la la bahía de Melville en trineo de perros en uno de los más alucinantes viajes que he hecho con Tierras Polares. En aquella expedición, mis compañeros de viaje cazaron un oso polar, de la cuota que tienen asignada, y recuerdo que tuvimos que  sortear numerosas dificultades. Mientras tomamos un café, Aronsen me va relatando numerosas historias de accidentes de kayak y de cazadores muertos al cazar. Aquí es su vida, pero esa lucha con la naturaleza del ser humano no deja de impresionarme.

Con Peter Aronsen, que me cuenta historias de cazadores de osos polares.

En un paseo por Kullorsuaq lo que más me sorprende es la cantidad de helados que se venden en la única tienda de este remoto lugar en el que tantas cosas faltan. Está claro que de lo de vender hielo a un esquimal es rigurosamente cierto, por más que parezca el típico chiste sobre lo más absurdo.

¿Helados en el Ártico? Pues si. En la única tienda de Kullorsuaq.

Es aquí donde Emilio y yo nos subimos al helicóptero que poco después nos deja en la ciudad de Upernavik. Es el fin de esta aventura por Thule. No he tenido la suerte de ver ningún oso polar, de los que tanto abundan en la zona, pero la convivencia con gentes de estos pueblos que viven al límite me anima a seguir adelante con el proyecto SOS Thule, cuyo objetivo fundamental es que su saber y su cultura no desaparezcan para siempre.

Adiós a Kullorsuaq desde el aire.