Juan I. López (CSIC): «El Trineo es una revolución»

JUAN IGNACIO LOPEZ MORENO* 

Las regiones polares se encuentran entre los sitios más recónditos del planeta. La escasez de poblaciones permanentes y la extrema dificultad que conlleva desplazarse por ellas hace que desde un punto de vista científico sean espacios donde la falta de información de los procesos ambientales que allí suceden sea un problema generalizado.

Juan Ignacio López, tomando datos en Monte Perdido (Pirineos)

Juan Ignacio López, tomando datos en Monte Perdido (Pirineos)

Este hecho contrasta con el extraordinario interés que poseen estas regiones para explicar  la historia del clima de la Tierra y el enorme papel que se espera que jueguen en el de las próximas décadas.

Además, la escasa información que de ellas se dispone indica que el calentamiento térmico, que se ha observado a escala global, ha afectado con especial intensidad a estas regiones, y todos los modelos climáticos señalan que las regiones polares pueden calentarse en las próximas décadas muy por encima de la media planetaria.

Un cambio climático de estos espacios conlleva una reducción de la extensión de las masas heladas, lo que tiene dos consecuencias inmediatas: por una parte, una menor superficie cubierta por hielo implica una menor cantidad de radiación solar incidente que se devuelve a la atmósfera, lo que afectará al balance de energía terrestre; por otra, la fusión del hielo continental de Groenlandia y de la Antártida se traduce en un incremento del nivel del mar, pudiendo afectar a numerosas poblaciones costeras, e inducir cambios en las corrientes marinas con importantes, y no del todo conocidas, consecuencias sobre el sistema climático terrestre.

Sin embargo, el conocimiento incompleto del clima y la dinámica de la criosfera (hielo, nieve y suelos helados) y la falta de observaciones “in situ” de amplísimas zonas polares hace mucho más difícil simular lo que ocurrirá en la región, validar los modelos actuales y conocer la respuesta de la criosfera al cambio climático proyectado.

En este contexto, el Trineo de Viento puede constituir una auténtica revolución en los estudios de estas regiones, permitiendo desplazamientos rápidos y sin apenas impacto ambiental por amplias zonas de hielo, transportar sensores e instrumental que ayuden a medir tasas de cambio, y estimar o inferir las condiciones climáticas precedentes, las condiciones del manto de nieve y las propiedades físicas y químicas del hielo, información prácticamente no disponible hasta la fecha para la comunidad científica.

*Juan Ignacio López es geógrafo, investigador del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC), experto en hidrología de la nieve, evolución de glaciares y cambio climático