La expedición 1ª Circunnavegación de Groenlandia en Trineo de Viento navega rumbo al sur. Tras unos días en los que los vientos no les han sonreído, los cinco tripulantes del ‘eco-vehículo’ viajan ya por el este de la isla ártica y han superado ya un tercio del trayecto total, 1.800 kilómetros de los 5.000 totales.

El punto más al norte le alcanzaron el 23 de mayo (79º N 65′), cuando se movían ya del oeste y hacia el este del ‘plateau’ y ya habían tomado la decisión de iniciar el regreso, debido a los complicados vientos con los que se encontraron en esa zona. Aún tendrían que esperar muchas horas para que las cometas (su motor eólico) lograran arrastrar la tonelada y media que pesa el Trineo, compuesto por vez primera por tres módulos.

Pero los tiempos muertos, no son tales en una expedición marcada por un reto geográfico, pero también técnico y científico, cuestiones ambas a las que dedican muchas horas del viaje.

“Aquí siempre tenemos algo que hacer. Pasamos mucho tiempo en pequeños arreglos destinados al mantenimiento del vehículo, que está sufriendo tan largo recorrido.  Y también recogiendo datos sobre la nieve”.

Como el cansancio se acumula, estar parados nos ayuda a estar en mejor forma física, aunque ya todos dormimos bien en marcha. Desde que salimos, hace ya 25 días, no hemos encontrado rastro de presencia humana”, señala Ramón Larramendi, líder de esta aventura.

Camp Century, durante su construcción.
Camp Century, durante su construcción.

El interior de Groenlandia, de hecho, es una de las zonas con menos presencia humana de la Tierra. Toda la población se concentra en la costa, fundamentalmente en el oeste. En la actualidad tan sólo existe una estación científica estable en sus 2’1 millones de kilómetros cuadrados de hielo:la estadounidense Summit Camp, establecida en 1989. Es hoy la única abierta todo el año, recogiendo cortes de hielo hasta a tres kilómetros de profundidad. Los expedicionarios podrían pasar por ella en su regreso.

 

El el pasado hubo otras, que se han ido cerrando o que ahora sólo abren para proyectos muy puntuales. Es el caso de la estación científica danesa Neem Camp, en el noreste de la isla, abierta solo entre 2009 y 2012 y que hoy está abandonada, salvo si un proyecto concreto pide su reapertura por un tiempo concreto. O la estación Hielo Norte (North Ice), otra instalación ‘fantasma’, creada por la Expedición Británica del Norte de Groenlandia, y abierta desde 1952 a 1954. O la Estación Eismitte, en el centro-sur, aquella en la que trabajó el famoso científico Alfred Wegener (1930-1931). O las llamadas ‘Dye Stations‘, seis estaciones de radar montadas durante la Guerra Fría. Alguna fue utilizada después como estación científica de recogida de datos, pero finalmente fueron abandonadas: la última se evacuó en 1988.

Cerca de todas ellas han pasado o van a pasar los expedicionarios del Trineo de Viento.

“Llama la atención la escasez de instalaciones científicas que existen en el interior de Groenlandia. Sólo hay una abierta y algunas estaciones meteorológicas de recogida de datos en lugares muy concretos. Por ello, el Trineo de Viento tiene un gran potencial, al recorrer miles de kilómetros en poco tiempo.”

 

Así mismo, en el noroeste  se encuentra el famoso Camp Century, una base militar norteamericana construida bajo el hielo en plena Guerra Fría para la operación ‘Iceworm’. Se trata de una auténtica ciudad subterránea que Estados Unidos construyó para ser la primera de 50 bases militares destinadas a esconder misiles nucleares apuntando a la URSS. Estuvo abierta 12 años y aún hoy se sospecha que en la zona hay un exceso de radiactividad.

Los expedicionarios de Tierras Polares no pudieron aproximarse hasta el lugar, donde tenían previsto realizar algunas mediciones, debido a las condiciones del viento, que podía alejarles demasiado de su ruta.