Objetivo: la Antártida, el continente misterioso

Objetivo: la Antártida, el continente misterioso

Los datos científicos que se difunden sobre los cambios que se suceden en la Antártida en ocasiones son contradictorios, o pueden parecerlo: mientras por un lado se indica que la capa de hielo sigue aumentando, por otro se habla de cómo afecta el calentamiento global al retroceso de sus glaciares. Todo ello no hace sino confirmar la importancia de recabar más información científica sobre un continente que se extiende por 14 millones de kilómetros cuadrados (Europa tiene 10,5 millones de Km2)  y en el que existen cerca de 100 estaciones científicas de 26 países. Dos de ellas, situadas en dos islas (Decepción y Livingston)  son españolas. En estos días comienzan a desarrollarse allí 15 proyectos científicos. Otros, como Colombia, se han incorporado al continente este año.

«España llegó tarde a este continente, hace 25 años, pero ya somos el sexto país en investigación polar antártica, sobre todo centrada en el entorno de las bases. Es un trabajo muy cooperativo entre distintas disciplinas: vulcanismo, geología, oceanografía, cambio climático, capa de ozono, etcétera. Hay mucho por saber», apunta Andrés Barbosa, del Museo Nacional de Ciencias Naturales y uno de los científicos habituales en las campañas. Sus trabajos se centran en los pingüinos barbijos, aves marinas sobre cuya biología España ha aportado el 90% de lo que se conoce.

Donde España no ha llegado como país, aunque sí científicos españoles que trabajan en proyectos y bases internacionales, es al continente. Y por ello el Trineo de Viento puede ser la gran baza para un Programa de Investigación continental, en el que el vehículo se convierta en una base-móvil. Aprovechando su diseño eficaz, económico y no contaminante,  es posible hacer ciencia donde aún no ha llegado nadie.

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El investigador Andrés Barbosa, del MNCN-CSIC

Y es que son muchas las repuestas pendientes. Uno de los últimos estudios sobre el hielo Antártico fue el publicado hace unos días en la revista científica ‘Nature Geoscience’, donde un grupo de científicos australianos, que han utilizado un robot submarino, aseguraban que el hielo bajo el nivel del mar alcanza entre 1,4 y 5,5 metros de media, mientras que las zonas más profundas se sumerge hasta 16 metros. Los estudios previos decían que, de media, no superaba el metro. ¿Por qué crece en el Polo Sur mientras desaparece en el Polo Norte? Es uno de los grandes misterios por resolver.

Para complicar el panorama, si aumenta el hielo marino no ocurre igual en parte de la tierra firme, donde 400 glaciares están retrocediendo en la Península Antártica. Así lo han comprobado científicos del British Antartic Survey, a quienes se les ocurrió comparar fotos aéreas realizadas entre 1940  y 1950, con fines topográficos, con las tomadas en los mismos lugares por satélites en las últimas décadas. «Evidentemente se han retirado los frentes de muchos de sus glaciares, y varias de las corrientes de hielo marino de terminación han visto sus estantes flotantes se desintegra», señalan.

De hecho, una investigación hecha pública durante la reciente Cumbre del Clima en Lima, de la NASA, indicaba que el deshielo en este continente de los glaciares triplicó su ritmo en la última década. Por ejemplo, en el  Mar de Amundsen, al oeste de la Antártida, han perdido 83.000 millones de toneladas anuales desde 1992, y el ritmo de derretimiento subió a 16.300 millones de toneladas anuales desde 2003.

Sin embargo,y  sorprendentemente, las imágenes también reflejan que hay mayores acumulaciones en las partes superiores de estos glaciares, que no compensan del todo la pérdida en las inferiores, pero que indica dos situaciones diferentes que aún no se comprenden.

Cambios en el glaciar de Moiden entre 1957 y 2013. En rosa, el hielo perdido y en verde la acumulación. |BBC

Cambios en el glaciar de Moiden entre 1957 y 2013. En rosa, el hielo perdido y en verde la acumulación. |BBC

¿Será el clima antártico el que genera este enfriamiento? ¿El viento, que cambia al alterarse el patrón climático en el planeta? ¿Se hiela más al mar al deshelarse los glaciares? ¿Qué ocurrió en el pasado? ¿Y cómo afecta todo ello a la vida en esas condiciones extremas?

Para encontrar respuestas hoy existen en el continente cerca de 100 estaciones científicas de 26 países, donde permanecen aproximadamente 1.000 personas durante el invierno. En el verano, es decir ahora, esa población se multiplica hasta alcanzar casi las 10.000. ¿Muchas? Menos de las  que viven en un municipio pequeño.

Comité científico de Investigación Antártica (SCAR), que se reunió por primera vez en febrero de 1958, es el encargado de coordinar la investigación que allí se desarrolla. Pero mucho antes de que existiera ya había investigadores en ese territorio. Argentina había abierto en 1904 la base de Orcadas, con lo que fueron unos pioneros en la investigación. Ahora, sólo este país tiene 13 instalaciones. Le siguen Chile y Estados Unidos.

Casi todas estas instalaciones se encuentran en la Península Antártica, aunque algunas hay por todo el territorio. La más grande es la Base McMurdo (de EEUU), con un millar de invsetigadores en verano y 200 en invierno, pero también es de grandes dimensiones la también estadounidense base Amundsen-Scott (junto al Polo Sur Geográfico) o la base rusa Vostok (cerca del Polo Sur Geomagnético) donde se ha registrado la temperatura más baja de la Tierra: -89ºC.

Los expedicionarios en el interior de la base Amundsen-Scott, a comienzos de 2012.

Los expedicionarios en el interior de la base Amundsen-Scott, a comienzos de 2012.

El equipo del Trineo de Viento, liderado por Ramón Larramendi, ya ha visitado algunas de ellas: el 31 de diciembre de 2011, estuvo en la base Amundsen-Scott, donde la directora de la instalación mostró interés en las capacidad del vehículo eólico, durante la expedición Acciona-Antártida. En 2005, el equipo también estuvo en la base rusa Vostok, donde pasaron varios días con los investigadores, antes de  seguir su ruta Transantártica.

El equipo del Trineo de Viento, en la base antártica rusa Vostok, en 2005, con los científicos.

El equipo del Trineo de Viento, en la base antártica rusa Vostok, en 2005, con los científicos.

Sobre la presencia española, el biólogo Andrés Barbosa, destaca a la necesidad de acabar las reformas en la Base Juan Carlos I, iniciadas en 2009 y ralentizadas por la crisis, la participación de jóvenes investigadores y la dotación de otro barco, que complete la misión del Hespérides.

«Desde que se jubiló el buque ‘Las Palmas’ es preciso otro barco para dar apoyo logístico a la bases, pues el Hespérides lleva a bordo sus propias investigaciones, pero los científicos de las bases también necesitamos trasladarnos», apunta el científico.

Barbosa ha sido el organizador, el pasado 1 de diciembre de los actos por el Día de la Antártida, cuando se conmemora la  firma del Tratado Antártico ese día de 1959, una iniciativa de la Foundation for the Good Governance of International Spaces.

Asimismo, es uno de los defensores de las posibilidades del Trineo de Viento para la ciencia española en este continente, un proyecto que ya planifica su próxima aventura en la Antártida, a finales del año 2015, para contribuir al conocimiento de esa tierra helada que oculta tantos misterios.