2014, el año de la renovación del Trineo de Viento

2014, el año de la renovación del Trineo de Viento

@RAMÓN LARRAMENDI

Acaba 2014 y con él pongo fin a una nueva etapa del proyecto que inicié hace ya 15 años, el Trineo de Viento. Finaliza un año en el que este vehículo, que ha ido creciendo con el tiempo, se ha hecho casi adulto, aunque aún tiene pendiente madurar totalmente. Hace apenas 12 meses me empeñé en que el diseño de un vehículo movido por energía eólica, en el que llevo tanto tiempo trabajando, entrara en una nueva fase, pues estoy convencido de que es una alternativa eficiente y necesaria para la investigación en la Antártida. Era un paso previo imprescindible a la aventura que tengo ya en el horizonte.

Ese impulso sólo podía llegar de la mano de una expedición, pues sólo sobre el terreno es posible poner a prueba cualquier nuevo desarrollo, como el convoy que tenía en mente. Tuve claro que debía regresar a Groenlandia, mi tierra adoptiva desde hace ya muchos años. Y debía hacerlo por una puerta que nunca antes había atravesado, un reto que  nunca antes nadie en la historia hubiera realizado: su circunnavegación interior, por el desierto de hielo, en el Trineo de Viento.

Seis meses después de iniciar aquella aventura, de recorrer con otros cuatro expedicionarios más de 4.300 kilómetros en 49 días, el balance no puede ser más positivo. Y lo es por muchas razones. La primera porque el nuevo Trineo de Viento cumplió su misión con éxito: arrastró tonelada y media de peso sin grandes dificultades; además, nos llevó hasta la meta en el tiempo que, más o menos, habíamos estimado. Habrá quien piense que si podemos simular cómo sería la vida en Marte en un laboratorio, también es posible simular un viaje como éste sin hacerlo sobre el terreno. Pero no es sencillo. Hay muchas preguntas pendientes sobre el clima en la Tierra y algunas de ellas tienen que ver con los variables vientos que se registran en algunos lugares, sobre todo en zonas tan inaccesibles como los polos.

Importantes fueron  también los datos de la nieve que trajimos para el Instituto Pirenaico de Ecología (CSIC), cuyo estudio sigue pendiente, pero más si cabe ha sido el interés que, gracias a esta expedidición, muchos científicos que trabajan en la Antártida y en Groenlandia han demostrado en nuestro proyecto. Contar con ellos es fundamental si queremos que el Trineo de Viento se convierta en una herramienta para la investigación española en el continente blanco.

Por ello, el  2014 ha supuesto un gran paso adelante. La primera circunnavegación a Groenlandia ha reavivado el interés de los expertos y, a la vez, de la sociedad española en general. En esos 49 días, los expedicionarios estábamos solos en el hielo, pero nos sentimos acompañados por todos aquellos que a miles de kilómetros estaban pendientes de nuestra aventura. Y aún ahora, casi hasta el final del año, cuando han pasado muchos meses después del retorno, siguen atentos a lo que tiene que ver con el proyecto, como se pudo ver recientemente en la Sociedad Geográfica Española.

En unos momentos en los que el sistema científico no pasa un buen momento, el gran ensayo en Groenlandia, además de suponer un hito geográfico y un éxito técnico, ha abierto el camino para la siguiente meta: la Antártida, un viaje de casi 7.000 kilómetros que está previsto para finales del año que comienza.

Tenemos mucho trabajo por delante para que salga adelante. El objetivo es que esta futura expedición se compagine con un programa científico más completo, que sea apoyada a nivel oficial, que haya empresas interesadas en patrocinar una iniciativa única en un mundo, como es ésta. Sin embargo, no tengo dudas de que será realidad, como todos los anteriores retos que nos hemos planteado.

Y un día el Trineo de Viento, ya maduro, se independizará y volará a su aire, colaborando en el conocimiento de este planeta y su protección.