Andrés Barbosa: «Este vehículo ensanchará los horizontes de la ciencia»

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ANDRÉS BARBOSA* (Museo Nacional Ciencias Naturales)

Viento, viento y más viento, continuamente viento, es la Antártida, el continente más ventoso del planeta con máximos de hasta 300 km/h, una velocidad media de alrededor de 40 Km/h. Y de eso se trata de aprovechar esta circunstancia y ponerla a favor de un transporte que no produzca ninguna emisión contaminante. En esto se basa el Trineo de Viento, una plataforma articulada que sirve al mismo tiempo para desplazarse y de habitáculo de vida o de trabajo. Este medio de transporte puede suponer una innovación de gran transcendencia en la investigación polar. Si bien, no va a suponer la sustitución de los otros medios de transporte que actualmente se utilizan en el continente antártico, si puede suponer una excelente alternativa y complemente para determinadas situaciones.

El trineo de viento contiene en su diseño una serie de ventajas que lo hacen especialmente indicado para la realización de expediciones polares de pequeño tamaño así como para desplazamientos medios en los que la incertidumbre por las condiciones del viento tienen un menor impacto. La principal ventaja e,s como he comentado anteriormente, la ausencia de emisiones contaminantes. Actualmente una de las mayores preocupaciones de la actividad científica en la Antártida es la compatibilización del trabajo con la protección medioambiental. Reducir al mínimo el impacto de la actividad es uno de los objetivos de cualquier proyecto de investigación.

No en vano, cada proyecto es sometido a una rigurosa evaluación de impacto ambiental, y solo aquellos cuyo resultado es un impacto menor que mínimo o transitorio tal y como indica el Tratado Antártico son los que pueden llevarse a cabo. Desde ese punto de vista la aparición de nuevas propuestas como el Trineo de Viento suponen una excelente noticia para conseguir este objetivo reduciendo a cero el impacto que genera cualquier desplazamiento.

Otra de las ventajas es la simplicidad del propio diseño que incide así mismo en la misma dirección de protección medioambiental al reducir la cantidad de material y el peso que hay que transportar hasta la Antártida. La economía es la tercera ventaja, derivada de esa simplicidad y por supuesto del uso de un recurso energético gratuito como es la energía eólica. Esta misma energía en combinación con la energía solar, cuando sea posible, puede además ser aprovechada para alimentar los equipos necesarios para el desarrollo de la actividad científica con lo que el impacto resultante no solo del desplazamiento sino de toda la actividad se vería reducido enormemente.

El empleo del Trineo de Viento como plataforma de apoyo a la investigación polar puede ser de gran utilidad en cualquier tipo de investigación que se tenga que desarrollar en la meseta antártica. Si bien  el grueso de la actividad investigadora en la Antártida se lleva a cabo en la región marítimo-costera, existen una serie de trabajos que deben llevarse en la remota región central del continente como puede ser la búsqueda meteoritos, la investigación sobre la presencia de microorganismos, presencia de contaminantes, investigación atmosférica, investigaciones geológicas, recolección de testigos de hielo para estudios del pasado, estudios geofísicos y astronómicos, validación y calibración de medidas de satélite, entre otros.

En un futuro no muy lejano estoy convencido de que el envolvente paisaje blanco de la Antártida se teñirá con los vivos colores de las cometas que tirarán de trineos de viento ensanchando los horizontes de la ciencia, la actividad para la cual está consagrado este magnífico continente.

*Andrés Barbosa es investigador, experto en poblaciones de pingüinos, y vicedirector de Investigación en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC)