Manuel Olivera, expedicionario del Trineo de Viento.

“Me encuentro enrolado desde hace un mes en un extraño viaje en el que me enredé gracias a mi amistad con el líder de la flota, el capitán Larramendi. La flota consta de tres pequeños artefactos que individualmente no son nada, pero unidos tienen una fuerza sin paragón para surcar las aguas heladas del inlandsis en el Atlántico Norte.

El vehículo es impulsado gracias a la acción del aire en movimiento; normalmente en estas latitudes el viento es casi omnipresente y con un patrón, y eso es algo que viene determinado por la fisonomía de Groenlandia, por un lado, por un anticiclón permanentemente establecido en su interior y, por otro, por la aceleración del coriolis (el efecto de la rotación de la Tierra sobre objetos en movimiento). Otra cosa es que sople en la dirección adecuada.

Pero hay días, como el 5 de junio, cuando escribo estas líneas, en los que el viento está en calma y los rayos de Sol nos queman la cara. El resto del cuerpo está perfectamente cubierto. La temperatura exterior es de 11 grados y medio bajo cero, alta para estas latitudes. La calma total nos amenaza con un sueño casi eterno.

Ante esta circunstancia toda la tripulación, cinco en total incluyendo el capitán, debe activar el protocolo de emergencia: hay que levantar la cometa y ver qué pasa.

Navegar en Groenlandia a bordo de un Trineo de Viento debe ser parecido a hacerlo en el mar en un barco de vela: dependes únicamente de la corriente de aire para desplazarte, dependes de un trozo de tela para surcar la superficie del agua. Supongo que, tras esta experiencia, me gustaría intentarlo sobre agua líquida, aunque es probable que me mareara. Aquí no me ocurre.

Sobrevivir en un medio hostil como es el inlandsis no es tarea fácil, pero pasado ya más de un mes desde que comenzó la aventura creo que aún más difícil es lograr convivir cinco personas tanto tiempo en un espacio tan reducido. Se requieren grandes dosis de paciencia, tolerancia y generosidad. En esa pelea estamos desde el 5 mayo los cinco tripulantes y esperamos que se prolongue hasta finales de este mes.

En este viaje se me ha encomendado una misión que me llena de orgullo: tomar datos de la nieve. Densidades, temperaturas y espesores superficiales, de acuerdo con las directrices de Juan Ignacio López, investigador del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC), experto en estudios de la nieve y de glaciares. El IPE ha elegido el Trineo de Viento ideado por Larramendi para realizar mediciones manuales de la nieve groenlandesa, mi tarea, algo que no se ha hecho nunca antes en un viaje como el nuestra: la circunnavegación interior de la enorme isla.

Groenlandia está cubierta de hielo en un 80% y representa la segunda masa de hielo dulce más grande del planeta. Su incidencia en el clima terrestre está demostrada con una claridad meridiana. Por ello, conocer hoy el estado del hielo interior Groenlandés puede ayudar a estimar la evolución del clima y, por tanto, de la Tierra en las próximas décadas. La utilización del Trineo de Viento es una oportunidad ineludible para colocar a nuestro país en la vanguardia de la investigación de las zonas polares. Por el bien de España y por el bien de la Tierra”.